El Inti Raymi no tiene un organizador único. Cada comunidad, cabildo y barrio arma su propia celebración, con aportes de familias y el trabajo de dirigentes que empiezan a planificar en enero.

Los costos van desde la comida y la música hasta el alquiler de trajes y el transporte. En comunidades grandes, la fiesta puede superar los USD 20.000, financiados en buena parte con aportes de migrantes.

La fiesta también es un espacio político: en ella se dirimen liderazgos y se negocian apoyos. Los dirigentes lo saben y por eso la organización no se delega.

Sarance Visión prepara una serie de perfiles de las comunidades que sostienen la celebración, con datos y testimonios.